Muchas galaxias cercanas sufren una explosión en su centro que expulsa suficiente gas y polvo para construir más de un millar de estrellas del tamaño de nuestro Sol
cada año. Los astrónomos han buscado la fuerza impulsora detrás de este
fenómeno, y ahora un equipo dirigido por científicos de la Universidad
de Maryland cree haber encontrado la respuesta.
Su investigación, publicada en la revista Nature, proporciona la primera evidencia observacional de que un agujero negro supermasivo
en el centro de una gran galaxia puede alimentar estos enormes flujos
moleculares desde el interior de su núcleo. Estas emanaciones trasladan
grandes cantidades de gas para hacer estrellas, influyendo así en el tamaño, la forma y el destino general de la galaxia anfitriona.
La galaxia del estudio, conocida como IRAS F11119 + 3257, tiene un agujero negro supermasivo
en su centro que crece activamente. Esto significa que, a diferencia
del gran agujero negro en el centro de nuestra propia galaxia, la Vía
Láctea, este está consumiendo de forma activa grandes cantidades de gas.
Cuando el material entra en el agujero negro, crea una fricción, que a
su vez emite radiación electromagnética, incluyendo rayos X y la luz
visible.
Los agujeros negros que se ajustan a esta descripción son llamados núcleos galácticos activos (AGN), y su intensa radiación también genera vientos poderosos que empujan el material lejos del centro galáctico.
El estudio encontró que estos vientos de los AGN son lo suficientemente
potentes como para expulsar grandes flujos moleculares que llegan a los
bordes de las fronteras de la galaxia.

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